Normalmente cuando estamos tranquilos en casa, casi siempre en las comidas, solemos ver las noticias y siempre nos muestran lo más trágico de la vida, pero es la realidad, estamos aquí para sufrir porque al final siempre nos quedamos con las cosas malas y son las que más nos marcan y de las que más aprendemos, las cosas buenas se borran rápido de nuestra mente mientras que las malas duran incluso para siempre, como lo que voy a tratar de contar ahora lo más discreto posible.
Todos al comienzo de nuestras vidas tenemos una vida “normal” vivimos con la gente que más queremos y nos relacionamos con la gente que más nos llena.
Yo tenía una vida “normal” siempre estaba feliz, nunca veía los peligros y nunca había pensado cuándo sería el peor día de mi vida…
Hoy hace dos años, a estas horas todavía era un loco de la vida sin pensar en nada simplemente en vivir haciendo el vago, no estudiaba a penas, me dedicaba a vaguear siempre que podía y no hacía nada, tenía una vida sedentaria…
Curiosamente ese día estaba estudiando, estaba estudiando Sociales, era Domingo y granizaba. Todos estábamos estudiando la misma asignatura a esas horas por tener examen al día siguiente y en mi casa sonó el teléfono… yo paré de estudiar y me quedé en mi habitación esperando a que mi madre, que fue la que respondió a la llamada, hiciera alguna señal o dijera algo para identificar con quién estaba hablando… entonces lo oí, oí que mi madre repetía el nombre de mi padre continuamente y lloraba. Salí de mi habitación corriendo yo me esperaba lo peor por las cosas que decía y la preguntaba qué había pasado pero no me contestaba solo me respondía repitiendo una y otra vez la misma frase… Yo acabé gritándola para que me respondiera… y me respondió!
A partir de ese momento mi vida y la de otros muchos cambió radicalmente.
Nunca se me va a olvidar todo lo que hizo por mi esa maravillosa persona una de las cosas más grandes fue darle vida a una que la considero mi hermana, solo por eso ya tenía todo mi cariño ganado, yo de verdad le quise y no me di cuenta de lo que le quería hasta que pasó. Ahora no puedo ver álbumes de fotos sin que se me caiga una lágrima, como ahora al escribir esta entrada, y es que la mayoría de mis recuerdos de cuando era un niño todavía tienen mucho que ver con él.
Hoy mi madre y yo hemos hablado de él y al caérsela una lágrima los dos hemos concluido en que era una persona brillante.
Solo quiero decir que apreciéis todo lo que tenéis y que abráis los ojos porque lo que tenéis a vuestro lado parece lo más pequeño pero en realidad es lo más grande que poseéis.
Esta entrada está dedicada, por supuesto, y los que me conocen bien saben de quién hablo.
Un abrazo y un beso muy fuerte desde aquí, hermana.